
Echoes
sábado, 13 de septiembre de 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
Erotizando un rato
Imagino una fotografíaYo dentro de una bañera con espuma, que sutilmente dibuja el contorno de mis pechos sin llegar a descubrirlos.
Atraigo mis rodillas a mi pecho mientras te miro con sonrisa pícara.
Porque sí, tú estás ahí, de pie, fuera, mirándome
Sólo con la luz de las velas y la música de fondo.
¿Que qué está sonando?
No sé, estoy tan concentrada en seducirte que ni escucho lo que suena.
Me pregunto si funcionará. Lo de la seducción, digo. Más que nada porque tú estás igual, quieto, mirándome fijamente, consciente de que me intimidas.
Me intimidas y me impones, y entonces sonríes tímidamente y yo sé que ha funcionado. Ahora me perteneces y avanzas hacia mí con paso decidido, mientras la tenue luz se mueve de un lado a otro y proyecta sombras como risas nerviosas.
Avanzas hacia mí y yo saco un pie del agua, luego te enseño hasta la rodilla, mojada de espuma, y en tus ojos veo locura, veo el futuro, veo lo que vas a hacerme.
Pero como me encanta jugar, te miro como si no supiera de qué va la cosa, eso te gusta más, que me convierta en una Lolita.
Te vuelves loco por momentos y yo no sé por cuánto tiempo podré aguantarme.
Te arrodillas al lado de la bañera y me tomas por el tobillo, acaricias mi pierna y la besas.
¡En qué momento decidiste meter tu brazo en el agua!
Desapareció tu mano entre la espuma y mis piernas, y apareció mi locura entre ellas.
Querías volverme loca.
Y no dejabas de mirarme fijamente, con tu mano perdida por mis locuras.
Me dijiste algo con la mirada que no comprendí. Más que nada porque no estaba yo para esas cosas.
Apareció tu mano otra vez y te pusiste de pie.
Veías mi pecho subir y bajar muy agitado.
Te dije algo con la mirada que comprendiste a la perfección
Tómame
Y así lo hiciste. Te agachaste y me cogiste por debajo del pecho para levantarme. Los dos de pie, me analizaste de arriba abajo, mi piel mojada, sombras que se movían por la luz de las velas.
Me cogiste en brazos para sacarme de la bañera
Yo me agarré a tu cuello y rodeé tu cuerpo con mis piernas. Empapé tu ropa y tu cuello, y te sentía arder bajo la ropa mojada. Mi respiración, cada vez más agitada y fuerte, me presionaba contra tu cuerpo, y yo sentía tu deseo palpitando debajo de mí.
Salimos del baño, sonaba WASP. Querías volverme salvaje, por eso elegiste WASP.
Ahora tú mantenías la compostura y yo me volvía loca en tus brazos.
Me dejaste caer en la cama, aún seguía mojada. Te quedaste a los pies de la cama mirándome como antes, en el baño.
Es la mirada del depredador, la mirada del lobo antes de atacar. Y yo lo sabía. Deseaba ser tu presa. Te deseaba mientras te quitabas la ropa mojada y no dejabas de mirarme con ese fuego.
Atácame
Muérdeme
Era puro vicio. Salvaje. Animal.
Necesitaba tu cuerpo desnudo ardiendo sobre el mío.
Y lo tuve.
Tú ardiendo y yo mojada, te deslizaste por mi húmeda piel.
Cada vez tú más salvaje, notaba tu fuerza presionando sobre mi cuerpo, sabía que no me dejarías escapar.
Nos besamos
Nos mordimos
Nos susurramos
Jugamos con fuego, nos dejamos quemar.
Éramos puro vicio. Salvajes. Animales. Sin sutilezas
Me besabas con tu lengua ardiente mientras tu mano bajaba de nuevo para volverme loca.
Jugabas y yo apretaba tu espalda, sin amor, con vicio. Y te arañaba más cuanto más placer me hacías sentir. Te arañaba y te mordía los labios para enfurecerte más y más. Sé cómo hacerlo.
Comencé a mover mis caderas, agarré tu mano juguetona por la muñeca y la aparté de ahí.
Te dije algo con la mirada que comprendiste a la perfección.
Sin mediar palabra abriste mis piernas sin sutileza y me penetraste lento, muy lento y profundo, deslizando tu cuerpo por el mío. Una y otra vez.
Sonaba Wild Child. Sonaba tu voz y tu respiración agitada. A cada penetración le seguía un leve gemido.
Seguía arañando tu espalda.
Más rápido. Más fuerte. Más rápido.
Provocando tu furia, me diste la vuelta violentamente
Y seguiste penetrándome, con tu aliento en mi nuca y tu respiración en mi oído.
Mordías fuerte mi lóbulo, mi nuca, mi espalda. Me provocaste gemidos de dolor y placer. Yo te suplicaba entre gemidos
Mátame, mátame, por favor te lo pido, hazme morir.
Volvías lento, profundo, luego salvaje, rápido
Una y otra vez
Hasta que mi cuerpo convulsionó y se contrajo
Y mis contracciones te hicieron caer rendido sobre mí
Los dos muertos.
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